Psiquiátrico Barrow Gurney

El hospital psiquiátrico fue uno de los pioneros en implantar terapias como el electroshock. Contaba con numerosas instalaciones para los pacientes incluyendo lugares residenciales.

Frente de Somosierra

Nos acercamos a un paraje en el que se vivió una de las primeras batallas de la Guerra Civil.Recorremos el frente en busca de bunkers, trincheras y cualquier vestigio que pueda quedar.

Château Noisy

Este impresionante palacio construido por una familia noble francesa, yace hoy totalmente olvidado. Nadie recorre sus innumerables estancias ni sube por su impresionante escalinata.

Preventorio abandonado

Interminables pasillos y terrazas recorren este inmenso edificio donde antiguamente se suministraban tratamientos contra la tuberculosis a niños y adultos.

Valdegrulla

Valdegrulla es uno de los innumerables ejemplos de despoblación de nuestra península. Abandonado en 1997 dejá atras una interesante historia y un gran ejemplo de arquitectura popular.

11 de septiembre de 2014

ROC Post, puesto de control nuclear

Esta vez nos dirigimos a un Royal Observer Corps Monitoring Post, un puesto subterráneo de observación nuclear.



Sección del ROC Post que visitamos, en su estado actual.

Exterior de un ROC Post. Fotografía cedida por http://www.brandsbypost.co.uk/



Estos puestos de observación se construyeron durante la Guerra Fría en torno a 1956 para monitorizar la contaminación nuclear en caso de ataque. Con la creciente tensión que se había establecido con la Unión Soviética el miedo de un ataque nuclear iba creciendo hasta el punto de llegar a estar convencidos de que dicho ataque sería inminente. Para intentar controlar y minimizar el riesgo en caso de ataque, Inglaterra estableció una serie de medidas entre las que se encontraban estos puestos de observación.

Ésta es la portada del folleto informativo que se repartiría a todos los ciudadanos británicos en caso de ataque nuclear inminente. En él se explicaba cómo debían protegerse frente a la radiación.

Los puestos de observación anteriores pertenecientes al ROC habían quedado anticuados ya que no presentaban defensa frente a la radiactividad. Por eso en 1955 decidieron construir unos nuevos puestos adecuados  a las necesidades del momento.

El proyecto comenzó en 1956 en Farnham, Surrey, donde se construyo el primer prototipo que fue aprobado  después de unos rigurosos tests nucleares que se llevaron a cabo en Australia. A partir de ahí se comenzó a establecer una gran red de puestos subterráneos. Los puestos se construían a un ritmo increíble: el primer año se propusieron tener finalizados unos 100 puestos y calcularon que en los años siguientes hasta 1963 se deberían construir 250 puestos por año hasta llegar a aproximadamente 1550 en el año 1963.

Una ilustración interior de Protect and Survive que muestra cómo construir un refugio en tu casa.


El proyecto de construcción finalizo con éxito y la red quedo lista para su uso. Los ROC fueron usados durante la Guerra Fría y continuaron operativos hasta 1968, año en el que un tercio de ellos fueros clausurados. El resto continuaron operativos pero poco a poco se fueron abandonando debido a las malas condiciones interiores (humedad, frio...) que los hacían inhabitables.

La clausura definitiva fue en 1991 cuando la caída del bloque comunista los hacia ya innecesarios.


Cómo funcionaban:

El puesto debía contar con todo lo necesario para que pudiera sobrevivir un equipo de 3 personas durante un periodo que iba desde una semana a máximo de 20 días.
El espacio era muy limitado, apenas 10 metros cuadrados, en los que se encontraba un pequeño baño que a la vez era el almacén, una escalera de descenso y una sala de observación con dos literas.
Los equipos estaban formados por 10 personas que se turnaban en grupos de 3 para ofrecer una vigilancia de 24h.

Interior rehabilitado del ROC Post de York 37. Fotografía cedida por http://www.brandsbypost.co.uk/


Las herramientas con las que contaban eran las siguientes:

Para monitorizar el aire contaban con unos sencillos instrumentos de medida que evaluaban el aire que obtenían a través de unas tuberías conectadas con el exterior y que sobresalían del tejado. El BPI (indicador de presión explosiva) mostraba la fuerza de la explosión en kilopascales. Podemos ver el BPI en la fotografía anterior, es el indicador circular que se encuentra en el centro de la imagen.


También contaban con un GZI, indicador de Zona Cero que consistía en una cápsula de metal que tenía 4 agujeros que se orientaban a los puntos cardinales. En su interior tenía un material fotosensible que indicaría la potencia y naturaleza de la bomba además de dar la localización de la explosión junto con el BPI y la información de otros 2 o más puestos ROC para triangular la posición exacta.

Interior del GZI, aún sin poner las hojas fotosensibles. Fotografía cedida por http://www.brandsbypost.co.uk/


También contaba con otros aparatos como el medidor Plessey Dose Meter 82 y el tubo Geiger-Muller que nos podían indicar la peligrosidad de la radiactividad exterior. Además de estos tenían un dosímetro personal para controlar la radiactividad a la que estaban expuestos.

Muy importante era también el sistema de comunicación de los ROC Post con las distintas centrales que los coordinaban.

El instrumento amarillo y azul es el Tapatalk, y al fondo podemos ver el Geiger Muller y el Plessey Dose.
Fotografía cedida por http://www.brandsbypost.co.uk/


Construcción:

Lo primero era encontrar el enclave adecuado para su función, por lo que en general los puestos eran construidos en los alrededores de otros de vigilancia aérea con los que se complementaban.

Una vez elegido el emplazamiento había que comenzar la excavación donde quedaría enterrado el puesto.
Fotografía cedida por http://www.roc-heritage.co.uk/, obtenida originalmente de ROC Journal / ROCA Heritage

Los ROC están construidos en hormigón armado reforzado a una profundidad de 2,75m. El techo cuenta con un espesor de 20cm de hormigón cubierto por un gruesa capa de tierra compactada. Las paredes son de 17cm de espesor y el suelo de 30cm. Esto genera una pequeña capsula de 4,74m de largo por 2,25 de ancho donde permanecer más o menos a salvo de ataques nucleares. La verdad es que las medidas de protección no eran muy elevadas y posiblemente la radiación acabase pasando al interior en pocas horas.
Fotografía cedida por http://www.roc-heritage.co.uk/, obtenida originalmente de ROC Journal / ROCA Heritage


Todo el puesto estaba impermeabilizado con betunes, esto era una parte fundamental ya que se encuentran bajo tierra. La otra parte básica era la ventilación, para ello contaba con unas tuberías que comunicaban con el exterior dotadas de filtros para evitar que entrase el aire contaminado.
También contaban con el instrumental necesario para recoger muestras del aire exterior.

Podemos observar la entrada al ROC y el GZI, que es el cilindro blanco que se ve en primer plano.
Fotografía cedida por http://www.roc-heritage.co.uk/, obtenida originalmente de ROC Journal / ROCA Heritage

Para la iluminación y energía necesaria contaban con una batería de 12v en el interior y un generador de gasolina en el exterior para recargar esta batería.

Por último el precio: se estima que cada puesto tenia un coste de construcción de 5000 libras de la época.

Nuestra visita

Nos ponemos en camino hacia el ROC, y pese a tener las coordenadas nos resulta un poco difícil encontrarlo. Se encuentra en una zona húmeda y llena de vegetación que impide que pese a estar enfrente de él podamos verlo.


Tras dar varias vueltas a la zona encontramos la verja que delimita estas instalaciones, ya sólo tenemos que encontrar la entrada. Todo estaba tan lleno de zarzas y vegetación que era muy difícil abrirse camino, pero al final con un poco de esfuerzo lo conseguimos.



Abrimos la tapa y accedimos al interior de uno en uno ya que el espacio es muy reducido y estaba inundado.



Bajamos las escaleras. En esta fotografía se puede ver claramente el sistema de apertura mediante contrapeso y el agua que nos aguarda en su interior.



Podemos ver la manilla que activaba la bomba de extracción de agua.



Restos de las señales de aviso que decian "mind your head and back" (Cuidado con la cabeza y la espalda).




Una vez abajo casi no podemos movernos hay que saltar de obstáculo en obstáculo para no pisar el agua y está completamente a oscuras. La primera sala que te encuentras es el baño o almacén. Como veis las dimensiones eran muy reducidas y no teníamos espacio para sacar un plano general.


A continuación vimos la sala de monitorización. Por desgracia ya no quedaba casi nada. Había muchos objetos tirados por el suelo inundado y supongo que otros se los habían llevado, ya que años atrás aún se conservaban. En el fondo de la imagen aun podemos ver uno de los colchones, las literas ya no estaban.



Aún quedaba la mesa, ahora llena de velas y basura, pero por suerte logramos encontrar un pequeño documento original de la época en la que el ROC estaba en funcionamiento.





Este interruptor era uno de los pocos detalles que quedaban.




Ya solo me quedaba salir, tengo que reconocer que sentí cierto alivio cuando llegué arriba. El lugar era un poco agobiante. Estando dentro cuesta imaginarse a tres personas encerradas ahí abajo durante 20 días en unas condiciones de mucho frió y humedad. Por suerte esta situación nunca se dio y aunque sí que se usaron nunca tuvieron que hacer frente a un ataque bélico.





No quiero terminar el articulo sin mandar nuestro agradecimiento a dos organizaciones británicas que nos han brindado sus fotografías e información. Y desde aquí también queremos reconocer el trabajo que están haciendo para conservar estos puestos y su historia.

Un saludo a la Royal Observer Corps Association y a The York 37 Post Restoration Project

9 de agosto de 2014

El Parque Acuático

Es verano, y siempre buscamos algo para refrescarnos. Lo mejor que uno puede hacer es ir a un parque acuático.


Fue un lugar habitual de diversión, y contaba con todo tipo de instalaciones. Multitud de toboganes, pista de voley playa, minigolf, un gran jacuzzi para 50 personas, un mini zoo y muchas cosas más que veremos en el reportaje. Pese a ello, no podía competir con otros parques similares. Finalmente, y tras más de una década en funcionamiento echó el cierre.

Nuestra visita tuvo lugar en el momento más opuesto al ambiente de un parque acuático: invierno y temperaturas bajo cero. De todas formas el sitio merece el esfuerzo.

Comenzamos por el gran jacuzzi. Se dice que hasta 80 personas podían utilizarlo al mismo tiempo. Ahora una espesa capa de algas cubre el agua. Es tan uniforme que casi dan ganas de pisarla...




Después encontramos el minigolf, de 12 hoyos. Parece que en algún momento cubrieron las pistas con lonas, pero algunas de ellas están descubiertas.


Junto al minigolf hay una gran torre de madera, el mirador. Desde ella hay una gran vista de todo el parque, aunque subir es arriesgado.




No puede faltar un masajista, para esos momentos en los que uno se quiere relajar.



Al lado hay unos puestos de organización. En uno de ellos encontramos el programa musical con éxitos de entonces. En otro... encontramos muchas ruedas.






Seguimos avanzando hasta los vestuarios. Una parte fue reutilizada como almacén, y allí estaba buena parte de los carteles del parque, así como boyas y materiales de piscina.






Siguiendo un camino que estaba cubierto por un toldo llegamos a otra zona del parque, con una gran piscina y un tobogán helicoidal.






Al lado hay una gran zona con columpios, camas elásticas, barbacoas... Es la zona más cubierta de hierbas. Los años de abandono han dejado que la naturaleza vuelva a reclamar su sitio.




Y por fin el plato fuerte: los grandes toboganes. La estructura es de ladrillo, y por ella bajan cinco toboganes que terminan en una piscina. Los visitantes podían elegir entre toboganes serpenteantes o rectos, y uno de ellos tiene una caída bastante fuerte.



Exploramos la parte baja, a través de pasillos estrechos que llegaban hasta las salas donde estaba la maquinaria que hacía funcionar estos toboganes.




Y por fin subimos a los toboganes más altos. Por el camino encontramos más vestuarios, y después los dos niveles desde los que parten los toboganes. El intermedio y el superior, sólo para los más atrevidos.










Y para terminar, cuando hayamos pasado un buen día de diversión en el parque ya podemos tomar el autobús de vuelta a casa.


Así terminamos nuestra visita a este lugar tan especial. También queremos dar las gracias a todos los que nos acompañaron, que pese al (muy) mal tiempo y al largo camino hicieron que fuese una quedada para recordar.