Esta exploración nos lleva a un lugar que tiene una atmósfera siniestra. Los sanatorios antituberculosos siempre son lugares fascinantes sobre los que hay cierta leyenda negra. Sin embargo su finalidad era intentar combatir una enfermedad en aquel momento incurable con los mejores medios que tenían.
Como en todos los sanatorios, una parte fundamental del tratamiento de la enfermedad consistía en pasar largo tiempo en el exterior, siguiendo un tratamiento de aireación e insolación. Por eso era frecuente que estos sanatorios se situasen en la montaña, donde el aire puro y el sol si bien no podían erradicar la enfermedad sí que ayudaban a aliviar los problemas respiratorios que causaba la llamada "Peste Blanca". En el exterior encontramos una antigua tumbona con ruedas que sin duda fue el lugar de descanso de muchos pacientes,
Una vez dentro empezamos a explorar los pasillos.
Una de las zonas más interesantes que encontramos es la dedicada a la cirugía. Al parecer este sanatorio en concreto estaba especializado en ella.
Cerca de esta sala también encontramos una pila para lavarse las manos y restos de material de sutura (bastante antiguo) en un cajón.
Luego seguimos avanzando por los largos pasillos, explorando las escaleras y el viejo ascensor.
Y por último llegamos a la zona de radiología. En este caso los aparatos que encontramos son bastante antiguos, lo que nos traslada a otro tiempo cuando no había TAC, resonancia ni sistemas de diagnóstico más avanzados.
Y así finaliza nuestra exploración, una que sin duda recordaremos durante mucho tiempo.










