En tierras portuguesas exploramos una de tantas casonas que en su día fueron el motor de la economía y hoy son sólo un recuerdo desvencijado.
En esta casa señorial se producía aceite. En su día había olivos, que poco a poco han sido sustituidos por otros cultivos. Y también poco a poco la casa perdió su razón de ser y finalmente quedó abandonada.
Desde fuera está claro que en su día debió tener mucha riqueza por el tamaño de la casa y la capilla, que es por donde comenzamos nuestra visita.
Ya en la casa principal exploramos primero la planta baja, donde estaba la cocina, el comedor, varias salas de estar y hasta un dormitorio.
La escalera principal era digna de ver. Toda la casa se organiza a su alrededor, el piso de arriba se distribuye en torno a ella.
Y para terminar la visita volvimos al exterior para echar un vistazo a la maquinaria... y dar otra perspectiva del habitante más conocido de esta quinta.
















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