Los sanatorios abandonados tiene algo especial. Suelen ser edificios muy grandes, tenían un propósito muy específico y su razón de ser desapareció gracias a los avances en la medicina. Esta vez nos dirigimos a uno que tiene una peculiaridad: nunca llegó a terminarse. Se trata del Sanatorio de Tablada, en plena sierra madrileña.
Como otros sanatorios que ya hemos visitado (La Barranca, Agramonte, Sierra Espuña, el sanatorio infantil y el preventorio abandonado) y cuyo funcionamiento describimos en este reportaje Tablada era un lugar para atender a los enfermos de tuberculosis. Aparte de las características terrazas en las que los pacientes podían recibir sus tratamientos de aireación e insolación (recordemos que cuando se empezaron a construir los preventorios no había tratamiento para la tuberculosis), también tenía que haber todo tipo de dependencias para garantizar el bienestar de los pacientes ya que solían pasar mucho tiempo ingresados. Pero el Sanatorio de Tablada llegó tarde, ya que no se terminó de construir. Las obras se detuvieron en los años 70 porque ya existía un tratamiento efectivo contra la tuberculosis (la estreptomicina) y otros edificios del mismo tipo se estaban cerrando.
Así quedó el edificio inacabado, pero lo que a veces se pasa por alto es que no había un sanatorio de Tablada, sino tres. Uno se encuentra frente al desvío hacia la estación de ferrocarril. Fue inaugurado en la década de los 50 y actualmente también está abandonado. Otro es el gran edificio inconcluso y el tercero es el más desconocido. En la actualidad sólo quedan ruinas, ya que fue destruido durante la Guerra Civil. Y aún más desconocido es el hecho que este sanatorio se construyó sobre otro anterior conocido como el Sanatorio del Lago. Precisamente ahí comenzamos nuestra exploración, esquivando zarzas y buscando el mejor camino entre escombros.
Después ya nos dirigimos al famoso edificio que se encuentra junto a la carretera del Alto del León. En su interior se ve claramente cómo no se terminó de construir, los muros están a medio hacer y no hay instalaciones. Eso sí, el lugar tuvo un uso inesperado: fue el escenario de rodaje de School Killer, película de terror de 2001 protagonizada por el gran Paul Naschy.




















